¿Cómo imito a Dios? Odia lo que Dios odia y Ama lo que Dios ama

La Biblia muestra como Dios ama a toda Su creación, muy especialmente a la humanidad, pues somo hechos a imagen de nuestro Padre Celestial. Por eso anhela que cada uno de nosotros formemos parte de Su familia. Y a la vez odia al pecado, esto porque las consecuencias que deja el pecado en el hombre son espantosas. Esto es la base para imitar a Dios.

«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él». Juan 3:16

«Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro!. Romanos 6:23

No confundas «imitar a Dios» con merecer la vida eterna. Imitar a Dios tiene que ver con nuestra santificación. Constantemente crecemos en santidad, por eso el espejo donde nos tenemos que ver; es en la vida de Jesucristo.

«Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo».1 Corintios 1:11

El Apóstol Pablo nos invita a imitar a Dios, así como él. Pablo podía imitar a Dios porque lo conocía, estudiaba sobre Cristo. Lo que Pablo quiere comunicarnos es que conozcamos a nuestro Padre Celestial, así podremos hacer eco de Su discurso y comportarnos como Él se comporta.

Obviamente la idea no es imitar a Dios en soberanía. Pues sólo Él es y será siempre auto-existente y auto-eficiente. Un poder extremadamente lejos de nuestras posibilidades.  Además sólo Él es eterno, omnipotente, omnipresente, omnisciente, TODO. A esto no nos referimos porque son atributos no transmisibles de Dios. Solamente Él es Dios.

Seamos imitadores de Dios como hijos amados con actitudes y comportamientos basados en Sus enseñanzas, amando con entrega a Cristo, así nos ama el Señor. Imitar a Dios es que andemos en constante amor como buen creyente y seguidores de Cristo. 

«Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante». Efesios 5:1-2

Cristo “se entregó» por ti, por mí y por cada ser humano en la tierra. Se entregó a sí mismo a la muerte por la ejecución de nuestras malas acciones contra Dios. Jesús murió en la cruz para librarnos del pecado aún siendo puro y manso como un cordero. Eso es más que una muestra de amor.  

Los verdaderos cristianos deben imitar a Dios amando a los demás, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros. Jesús nos ordena a andar en amor, eso significa que debemos comportarnos permaneciendo en el interior de esa esfera como buenos hijos de Dios, dentro del amor divino sembrado en el corazón por el Espíritu Santo. Eso va formando parte de nuestra vida poco a poco para irnos convirtiendo más y más parecidos a Dios.   

¿Cual es el verdadero significado de seguir a Cristo? Ser como Él

También tengamos en cuenta que para imitar a Dios no debemos entristecer al Espíritu Santo que es quien nos selló para el día de la redención. En ese sentido apartemos de nuestro corazón las amarguras, el enojo, la ira y toda maldad que pueda dañar la estabilidad del Espíritu Santo en nosotros.

Imitar a Dios es actuar como nuestro Padre Celestial se comporta con cada uno de nosotros; con bondad, con misericordia, perdonándonos, así como Dios nos perdonó en Cristo.  

En resumen; actúa como Cristo, ama como Cristo, perdona como Cristo, todo con bondad y de corazón y sin dañar a nadie. Esa es la esencia de imitar a Dios.