Cuando le digo a Cristo mi Señor ¿Es pecado?

Al dirigirnos a Cristo como nuestro Señor es algo que debe hacerse con consciencia y reconocimiento de que Él es nuestro soberano y asumir la posición de súbdito o siervo. Nuestras acciones deben estar acompañadas de la fe en Él, de otra manera es sólo un formalismo. En la Biblia vemos a Jesús cuando expresó “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor y no hacéis lo que yo digo?” ahí Jesús nos indica la obligación de creer el Él, además de hacer su voluntad sin buscar reparaciones según nuestra manera de pensar.

«¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?». Lucas 6:46

¿Cual es la Ley de Cristo? Lo que el Señor dijo que eran los grandes mandamientos

La Biblia también nos enseña que los que no conocen la voluntad de Dios, no recibirán castigo; pero también dice que quienes si han escuchado la voz de Dios que habla en sus corazones y a pesar de eso, insisten en andar por sus propios caminos, que tuercen las escrituras para su propia perdición, “no tienen excusa por su pecado”.  

Una fe sólida en el Señor

Existen personas diciendo que no importa nada lo que los hombres creen, este es un engaño eficaz de Satanás. Pues él sabe con exactitud que cuando alguien recibe la verdad con amor, el alma de quien la recibe se santifica; de aquí que trate siempre de sustituirla con falsas teorías, con fábulas y con otro evangelio.

«Si yo no hubiera venido ni les hubiera hablado, no serían culpables de pecado. Pero ahora no tienen excusa por su pecado». Juan 15:22

A Dios le agrada que crea en los cristianos ¿Es cierto?

Las interpretaciones flojas, vagas y fantásticas de las Santas Escrituras, como también las muchas teorías contradictorias respecto a la fe religiosa, las mismas que advierte la Biblia en sus paginas, ahí el maligno tiene metida sus manos para tratar de confundir las mentes de suerte que no puedan descubrir la verdad. Una muestra de esto la vemos en como las iglesias viven en discordia y divididas a causa de la mala costumbre tan general de distorsionar el sentido de las Sagradas Escrituras con el fin de apoyar alguna doctrina favorita.

«A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos primeramente, pero también de los gentiles». Romanos 1:16