¿En realidad estoy adorando a Dios? Y no una costumbre

Como Cristiano, es de suma importancia reconocer si estás adorando, alabando, enalteciendo, glorificando a nuestro Padre Celestial de manera verdadera y con la convicción del conocimiento, o solo lo haces por costumbre. Quizás este sea tu caso, pues cuando vas a la iglesia, cantas alabanzas, «escuchas» la Palabra, pero en realidad no estás prestando atención a lo que significan. Ves como el pastor se arrodilla para orar, pero tu mente está en otra parte. O pasa también que durante el sermón, te distraes y pierdes el mensaje de la Palabra.

«Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado». Isaías 29:13

Aquí la Biblia nos muestra como Isaías censuró a los israelitas por honrar al Señor con sus labios mientras que sus corazones estaban lejos de Él. Si somos verdaderos hijos de Dios, es esencial considerar si, en realidad, estamos adorando a Dios, o si solo hacemos las cosas de manera mecánica o por costumbre.

La Biblia nos enseña que para adorar de verdad a Dios, es esencial saber que hacerlo debe ser de corazón; no solo con palabras de alabanza, y sobretodo estar atentos a la Palabra de Dios. Cuando estamos adorando a Dios, nuestra mente debe permanecer en todo momento centrada en Cristo, no en asuntos de menor importancia. Las Sagradas Escrituras relatan que desde lo más profundo de nuestro ser debemos estar comprometidos tanto en la exaltación del Señor como en la humilde sumisión a Él como nuestro Creador y Salvador.

Una adoración genuina requiere que el corazón esté impregnado de fe en Cristo y una disposición a obedecer a Dios. Para alguien que no cree se le haría muy difícil adorar a Dios; esto porque no están en el Espíritu Santo y no pueden entender las cosas espirituales. También debemos adorar a Dios con total arrepentimiento a nuestros pecados; pues la Biblia nos dice que Dios no acepta que lo adoremos sin antes arrepentirnos.

«Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, El Señor no me habría escuchado». Salmo 66:18

La esencia de adorar a Dios es darle gloria siempre y en todo momento. Y eso requiere que tengamos las manos limpias y el corazón puro. Y eso solo lo logramos a través de Jesucristo, de Su muerte y resurrección. No haber elevado el alma a cosas vanas, ni jurado con engaño. Esa adoración a Dios debe comenzar por nuestra rectitud, con el corazón arrepentido y humilde acompañada de una mente centrada en Él demostrando con nuestra vida la obediencia a Sus mandatos.

«Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria, la victoria y la majestad. Tuyo es todo cuanto hay en el cielo y en la tierra. Tuyo también es el reino, y tú estás por encima de todo». 1 Crónicas 29:11