¿Es cierto que existe algo mejor que ir al Cielo? Ser la esposa de Cristo

Debido al sacrificio de Jesús, nuestros pecados han sido perdonados y podemos ir con Él y nuestro Padre celestial a una vida eterna. Es un futuro maravilloso. Pero ¿Podría existir algo mejor que eso? La verdad es que, aunque es verdaderamente glorioso, tenemos la posibilidad de una vida eterna mucho mayor que esta. Eso es ser parte de la esposa de Cristo.

«El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con Él, para que juntamente con Él seamos glorificados». Romanos 8:16-17

Todos los que formen parte de la esposa de Cristo también estarán en el cielo, pero su misión será distinta. Serán coherederos de todo junto con Jesús y estaremos reinando con Él en la eternidad. No serán solo «residentes» en el cielo y en la eternidad, también serán su más cercano compañero y compartirán Su naturaleza y Su vida.

Si quieres formar parte de la esposa de Cristo, no es suficiente con simplemente «conocer a Jesús,» conocer Sus obras, lo que Él ha hecho por nosotros, adorarle y admirarlo por eso. No, no es suficiente estar consolado por el hecho de ser limpiado en Su sangre para vivir una vida «buena» y ser un «buen» cristiano.

Existe una vida que va más allá que realizar acciones externas de justicia y de admirar a Cristo; y agradecer a Dios por Sus obras para obtener el perdón por nuestros pecados por Su muerte en la cruz en el Calvario. Esto es sólo el inicio del camino de una verdadera vida cristiana. Se debe hacer algo acerca de la raíz del pecado en la carne. La Biblia nos dice que el perdón de los pecados lo llevan a uno al cielo, o como Jesús lo llamó, «Paraíso», pero no conduce a la santificación y a ser miembro de la esposa de Cristo.

¿Cómo gano el Cielo? Aceptando a Cristo

La Biblia nos dice que los miembros de la esposa deben tener como finalidad ser como Cristo, y ser unidos juntamente con Él. Esa es la promesa que Dios nos da, si le permitimos a Dios que nos purifique mientras estemos viviendo en esta tierra.

Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro”. 1 Juan 3:2-3

Formar parte de la esposa de Cristo es llegar a conocerlo a través de la participación de sus padecimientos. Así como hizo Jesús hecho hombre, la esposa de manera voluntaria se limpia de todo pecado, llevándolo a muerte. Este comportamiento de juzgar y odiar el pecado, que ellos ven en sí mismos, es lo que los conduce a estar formados a Su imagen. No se trata de sólo admirar la obra que Jesús hizo, es también seguir Sus pasos, haciendo el mismo trabajo que Él hizo, paso a paso.

“… y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero. Luego me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal. … Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella”. Apocalipsis 21: 9-11,22-24