¿Existe el PURGATORIO? Lo que dice la Biblia

El purgatorio es un lugar donde, a pesar de que la muerte de Jesús en la cruz perdonó todos los pecados, se perdona el pecado y se sufre un gran e intenso tormento por un largo tiempo, esto con la finalidad de purificar a la persona, luego de esto, ya estará apto para entrar al cielo. Esta doctrina la sugirió el papa Gregorio el Grande en el año 593 DC. Y no fue sino hasta en 1439, en Florencia, que la aceptó la Iglesia Católica. Todo esto lo explica la Iglesia Católica Romana, quienes tienen esta doctrina como dogma. Sobre el tema del purgatorio, el Segundo Concilio Vaticano dice lo siguiente:

«La doctrina del purgatorio demuestra con claridad que aun cuando la culpa del pecado ha sido eliminada; la pena de ella o las consecuencias de la misma pueden permanecer y deben ser expiadas o limpiadas… En el purgatorio las almas de los que han muerto en la caridad de Dios y se han arrepentido verdaderamente, pero que no habían hecho satisfacción con la penitencia adecuada por sus pecados y omisiones, son limpiadas después de la muerte con castigos designados para purificar la deuda». Segundo Concilio Vaticano.

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La Biblia y el purgatorio

Todo lo que dice el Vaticano sobre el purgatorio, suena bien, pero revisemos que opina la Biblia sobre la doctrina del purgatorio. Bien, la Palabra de Dios es la verdad, es donde todo está escrito, el principio y el fin del universo, y en ella explica con claridad que la obra de Cristo en la cruz a favor del pecador fue una obra perfecta y completa. Cuando leemos la Biblia podemos encontrar que un instante antes de expirar en la cruz, luego de seis horas de indescriptible suplicio, nuestro Señor Jesús pronunció una de sus últimas frases.

“Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu”. Juan 19:30

Aquí el Apóstol Juan deja claro que Jesús dejó todo pagado, es decir; cancelada toda culpa de pecado. La palabra utilizada por Jesús en la cruz antes de entregar el espíritu fue; «Tetelestai», una palabra Griega. En la época en que murió Jesús, Tetelestai se utilizaba en el ámbito de los negocios. Las personas que hacían préstamos, redactaban un documento legal donde el deudor tenía que firmar, en el cual constaba el monto adeudado, la forma de pago y la fecha de vencimiento del pago. Al momento que llegaba la cancelación TOTAL DE LA DEUDA, en el documento se estampaba un sello. El sello era la palabra “TETELESTAI”. Osea; deuda CANCELADA.

En definitiva, cuando Jesús mencionó «tetelestai» traducido como «Consumado es», lo que quiso decir es que ya la deuda del pecado se había cancelado totalmente con Su muerte en la cruz. Ya estaba terminada la obra completamente. Fue el último acto para culminar el perdón de los pecados del mundo. Entonces la doctrina del purgatorio va en contra de la Palabra de Dios escrita en la Biblia. Para terminar el perdón del pecado del humano, nadie tiene que hacer nada en ningún otro lugar, en este caso; en el purgatorio.

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Entonces entendamos que no hace falta nada más que creer que Jesús cumplió a cabalidad la obra de salvación, gracias a eso, todo creyente es inmediatamente salvo. La Biblia nos lo deja claro cuando leemos que Jesús, poco antes de morir,  dirigió unas palabras de esperanza a un ladrón que fue crucificado junto a Él en el monte calvario.

En ese momento el ladrón le dijo a Jesús; «Acuérdate de mi cuando vengas en tu reino»; pero Jesús NO le dijo: en verdad os digo que tendréis que pasar por el purgatorio antes y cuando tu alma se purifique estarás conmigo en el paraíso. Lo que le dijo Jesús al ladrón no da ni un apéndice a pensar en el purgatorio antes de llegar al cielo, contrario a eso, más bien le da esperanza al ladrón arrepentido de estar con Cristo de inmediato. La misma esperanza que tenemos los verdaderos creyentes en Cristo. Veamos que le dijo Jesús al ladrón;

“Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. Lucas 23:43

“Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor”. 2 Corintios 5:6-8