Como cristiano puedo JUZGAR ¿Qué dice Dios?

Juzgar forma parte de nuestras decisiones, sin embargo es un acto que se necesita hacer con total responsabilidad; sobre todo cuando se trata de juzgar a los demás. Muchas veces las personas se crean opiniones acerca de otras personas. Pero recordemos que ningún humano está exento de pecados, pues simplemente no somos perfectos, es imposible, errar es humano. Al momento de juzgar, las personas piensan que son perfectas, pero no reconocemos que también nos equivocamos.

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«Por tanto, no tienes excusa tú, quienquiera que seas, cuando juzgas a los demás, pues al juzgar a otros te condenas a ti mismo, ya que practicas las mismas cosas. Ahora bien, sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas se basa en la verdad. ¿Piensas entonces que vas a escapar del juicio de Dios, tú que juzgas a otros y sin embargo haces lo mismo que ellos?». Romanos 2:1-3

El Apóstol Pablo nos explica aquí en la Biblia que toda persona que juzga, es porque ella misma practica esas mismas acciones, entonces al juzgar a otros, se juzga así misma. Y termina diciendo que es Dios el único que puede hacer juicios definitivos, que si haces lo mismo, no te vas a escapar de Su juicio. Recordemos que Dios conoce el corazón de todos y cada uno de nosotros.  

Nuestro Señor Jesús mismo nos dice que no vino a juzgar sino a salvar a toda la humanidad de su perdición, y lo hizo cuando entregó Su vida en la cruz, además con ese hecho; nos hizo a todos hijos de Dios. Y para que entendamos que no debemos juzgar a nadie, nos regalo la Biblia, la Palabra de Dios que es donde encontramos las normas de buena conducta las mismas que debe tener un verdadero cristiano, un verdadero hijo de Dios. Sin embargo, nadie las pone en práctica, todos nos convertimos en jueces de todos. Pero si nos dejamos guiar por el regalo más grande de Dios; el Espíritu Santo, Él sabrá apartarnos de esos actos.

«No juzguen a nadie, para que nadie los juzgue a ustedes. Porque tal como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes». Mateo 7:2

Si tocamos el tema de juicios; es a los jueces que les corresponde juzgar, pero lo hacen conforme a las leyes; los jueces juzgan de acuerdo a los delitos. Pero nosotros, levantamos juicios a las personas según sus conductas, no con juicios sino con prejuicios tipificados por una sociedad enferma y desprovista del amor al prójimo y también del amor a Dios.

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En la Biblia encontramos distintos ejemplos de malos juicios. Podemos comprender la actitud del buen samaritano, pero no la aplicamos en nuestra vida. Por otro lado, está el ejemplo del sacerdote y el levita, quienes fueron indiferentes al hombre malherido y tumbado en el camino, es una manera muy injusta de juzgar. Lo triste de la indiferencia ante los problemas de otras personas, es que nadie puede estar seguro de que no va a sufrir lo mismo que ellos, pero ocurre, entonces pensamos lo peor, que nadie va a socorrernos. Si alguien miente, alguien se perjudica, y luego, el que miente ya no podrá confiar en nadie más, pues pensará que todos son mentiroso igual que él, y así la sociedad entera se va enfermando.

«No tuerzas la justicia contra los pobres de tu pueblo en sus demandas legales. Mantente alejado de la mentira. No condenes a muerte al que es inocente y honrado, porque yo no absuelvo al malvado». Éxodo 23:6-7

«No juzguéis por la apariencia, sino juzgad con juicio justo». Juan 7:24

«Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie. Pero si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el Padre que me envió». Juan 8:15-16

Nuestra libertad nos hace pensar que lo sabemos todo, pero cuando juzgamos demostramos lo contrario, si en realidad supiéramos no juzgaríamos, y no hablo de los delitos que define la ley, sino a la discriminación, a la indiferencia, a la falta de solidaridad. a la falta de caridad y misericordia. el elitismo, las corporaciones, las fronteras que nos creamos en el corazón, la envidia, el egoísmo etc, etc.