Momentos en que Jesucristo llora relatados en la Biblia

Nuestro amado Jesús a la vez que es un ser espiritual, también fue humano, así lo quiso Dios Padre. Entonces también experimentó los sentimientos y naturaleza humana. Claro; Jesucristo tuvo más alegrías que tristezas, así lo muestra la Biblia en distintos pasajes. Específicamente en el nuevo testamento encontramos varios de esos momentos, y muy en especial en los que Jesús se entristeció mucho, hasta llora.  

La Biblia nos relata 3 específicos momentos donde nuestro amado Jesús llora. Son sinceramente 3 versículos impactantes y únicos que nos enseñan una gran lección. En muchos casos, y de manera especial los hombres, se cohíben, contienen la tristeza para no llorar, o simplemente piensan que la tristeza es mala, pero no, Jesús nos enseña como enfrentar estas situaciones con Su ejemplo.

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Momentos donde Jesús llora

Revisemos las Sagradas Escrituras, pues es la Palabra verdadera y eterna de Dios. En ella veremos la excelente lección que nos deja Jesús de como darle la cara a situaciones tristes;

«María fue a donde estaba Jesús y, al verlo, se postró a sus pies y le dijo: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto”. Jesús, al ver llorar a María, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado, preguntó: “¿Dónde lo pusieron?”. Le respondieron: “Ven, Señor, y lo verás”. Y Jesús lloró. Los judíos dijeron: “¡Cómo lo amaba!”. Juan 11:32-36

El Apóstol Juan nos relata uno de los momentos donde Jesús llora. Si notamos, lo hace al ver a Sus amados llorar, especialmente María su madre, y luego de ver a un gran amigo ya fallecido. El inmenso amor por cada uno de nosotros que Jesús siente, lo demostró en ese momento. Si lloró por un amigo, imagínate lo mucho que debe llorar cuando sufrimos Sus hijos. El inmenso amor de Dios lo lleva a estar siempre de brazos abiertos esperando que lo busquemos para consolarnos.

«¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como la gallina reúne bajo sus alas a los pollitos, y tú no quisiste!». Lucas 13:14
«Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella, diciendo: “¡Si tú también hubieras comprendido en ese día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos”. Lucas 19:41-42

Podemos observar en estos versículos que Jesús no lloró por una sola persona, ni por un discípulo o alguien cercano a Él. Nuestro amado Jesús llora por una nación completa cuando vio que no aceptaron el mensaje de paz, cuando Jesús ve nuestros pecados llora. Cada vez que un pastor, profeta o hijo de Dios nos habla de la Palabra, es Jesús quien los envía para salvar nuestras almas.

Nuestro Padre Celestial anhela cuidarnos de todo mal, por eso envía personas para hablarnos de Su Palabra sabia, y si lo rechazamos, es motivo suficiente para que se entristezca. Quizás sientas que Dios no está contigo en ciertos momentos difíciles, pero en realidad nuestros pecados hacen llorar al Señor, nunca debemos alejarnos, sino acercarnos a Él como cualquier hijo se acerca a su Padre.

«Él dirigió durante su vida terrenal súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a aquel que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión». Hebreo 5:7

Aquí Jesús demostró que también sufría debido a su naturaleza humana. La Biblia nos dice en el libro de Hebreos, que cuando Jesús suplicó a Dios Padre, derramaba lágrimas por un corazón deprimido. Qué hermosa demostración de amor hacía nosotros de Jesucristo, Él jamás dejará una pregunta sin respuesta a nadie. Cuando nos postramos con humildad y el corazón quebrantado ante el Señor Jesucristo, con toda seguridad Él responderá.

Ora sin importar que ofrecer, sin importar que no encuentres las palabras adecuadas para dirigirte al Padre, nuestro Dios nos envía Su Espíritu Santo para ayudarnos. Recuerda también que Dios conoce nuestro corazón, nuestras necesidades y angustias, así te la certeza que llegará para ayudarte y sanar tu alma. Hazlo con fe ferviente, pues eres hijo de Dios, y jamás le falla a un hijo.