No te avergüences de tus cicatrices, ellas son parte de tu historia y te han formado en lo que eres hoy

Tus heridas y cicatrices del pasado de alguna manera u otra te convirtieron en esa persona que eres hoy, no eres perfecto pero eres valioso e importante; tienes un propósito en la vida al cual Dios te llamó y tus cicatrices son tu experiencia de vida, son tu testimonio y tu historia, ellas te han formado.

Muchas veces creemos que las cicatrices de la vida son una vergüenza, algo que debemos ocultar o maquillar, pero en realidad no hay que hacerlo; sino más bien aceptarlas y aprender de ellas, tratar de tomar el lado bueno dentro de lo malo, pues cómo dice la palabra, si Dios lo permitió es porque así tenía que ser y él tiene sus razones.

Eso que te pasó es lo que ha formado la persona que eres hoy, solo debes quedarte con el aprendizaje brindado y con la restauración que sólo Dios puede darte luego de esa herida; puedes estar en paz con tus cicatrices y no sentir vergüenza, finalmente no sabes si tu historia puede ayudar a alguien más y ser instrumento para su vida. Que Dios te bendiga.