¿Por que Dios me dice que OIGA? Una invitación

El principal anhelo de nuestro Padre Celestial es que oigamos Su voz, de aquí es que se libra una gran batalla en nuestro ser. Entonces para lograr que Dios y su Palabra salgan victoriosos de esta batalla, es necesario tener los oídos bien abiertos para que El nos hable su Palabra a través del Espíritu Santo y luego obedecerla. Si en nuestra vida sólo existe basura impía y lo que hacemos es escuchar otras voces en nuestro ser interior, entonces se complica para nuestro oído oír la voz de Dios con la misma claridad que cuando escuchamos a otras voces.

«Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios». Romanos 10:17

Desde el instante que decidimos abrir el oído para escuchar a Dios, captaremos que nos habla sobre temas  mayores. Nos habla para salvación. Luego oímos la voz de Dios para decisiones grandes. Es normal que esto suceda porque sabemos que no podemos tomar decisiones y afrontarlas solos y por lo tanto creamos espacios para que Dios nos guíe en esos momentos.

¿Cómo escucho la incomparable voz de Dios? Por Su Palabra

En la Biblia es donde podemos oír a Dios, Su testimonio verdadero. La Biblia es el lugar seguro y productivo para oír a Dios; es donde podemos escuchar toda la dirección que necesitamos en todos los momentos de nuestra vida. Entonces para que nuestro oído escuche siempre la voz de Dios, es necesario colocar las Sagradas Escrituras como pilar en nuestra vida, pero sin caer en una doctrina muerta. Es por eso que debemos apoyar las Sagradas Escrituras en el pilar correcto, en el pilar del Espíritu Santo, quien es el verdadero que habla la Palabra de Dios para hoy. Necesitamos andar por la vida con estas dos fuentes de la Palabra de Dios en total equilibrio.

En la Biblia podemos ver que Dios creó a Adán para ser la autoridad delegada de Dios en la tierra. Cuando Adán hablaba era como si hablase Dios. Todos deberían abrir el oído. Sin embargo, Adán abrió el oído a la voz equivocada, y por lo tanto de inmediato se dejó corromper por el maligno, y a causa de esa desobediencia, Adán perdió toda autoridad y la vía pura para la Palabra de Dios. Más adelante podemos leer que Jesús llega a la tierra como el último o segundo Adán para restaurarnos, como seguidores de Jesús, tenemos la capacidad y potencial para ser la autoridad delegada de Dios de nuevo y, por lo tanto, ser vías reales de Su Palabra.

«Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia». 1 Corintios 15:22-24

En definitiva, como buenos cristianos; es necesario que nos alimentemos con la Palabra de Dios; y de esa forma nos discipline y nuestro oído escuche la voz correcta y no la del maligno; el que habla a través de su sistema mundano. De esa manera ganaremos la batalla.