¿Todos somos hijos de Dios? La Biblia nos enseña que no todos

La gente comúnmente dice que todos los seres humanos somos hijos de Dios, por el hecho de que nos creó y a la vez nos ama como hijos. Ciertamente somos creación de Dios y por eso nos ama. Sin embargo la Biblia nos enseña que no todos son hijos de Dios. De hecho, especifica claramente cuando Dios se refiere a quienes son sus hijos, e hijos de quiénes son aquellos que no son sus hijos.

«Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios». Romanos 8:14

Los verdaderos hijos de Dios tienen una característica fundamental que es estar guiados por el Espíritu de Dios. Así Jesús también dijo que el Espíritu Santo nos enseñaría todo lo referente a Él a través de Su Palabra; la Biblia. Así que, si alguien no tiene como guía la Biblia en su estilo de vida, espiritualidad, fe y moral, no puede dar señal de que es un verdadero hijo de Dios. El Espíritu Santo siembra en nosotros el anhelo de obedecer Su Palabra y esa Palabra nos limpia. La Biblia explica que así lo dijo Jesús, que por medio de Su Palabra seremos limpios. Entonces queda claro que para ser hijos de Dios debemos guiarnos por Su Palabra, por la Biblia. Y sin embargo muchos no lo hacen, ni la leen y no la conocen.

«Ya vosotros estáis limpios por medio de la palabra que os he dado». Juan 15.3

La Biblia, la Palabra de Dios, nos explica también que los que viven desde el punto de vista del mundo son sus enemigos. El Señor dice que quien esté de amistad con el mundo está en contra de Dios, entonces cualquiera que sea amigo del mundo es enemigo de Dios. Siendo así, los que viven ajenos a la Palabra de Dios actúan conforme a los deseos de la carne, siguiendo la corriente del mundo, de los pensamientos impuros, estos son hijos de la desobediencia.

La Biblia se refiere a quienes no se rigen por Su Palabra, están ajenos al mandato de Dios. La Biblia nos explica;

 «…en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, en los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de la carne, haciendo la voluntad de la carne, y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás». Efesios 2.2-3

Aquí la Biblia habla de quienes no son sus hijos, a los que no viven se rigen por su Palabra, a los corruptos e inmorales, hasta podría ser los que son «buenas personas», pero según las bases humanas, pero viven alejados de Dios como «hijos de desobediencia» y de la ira». En consecuencia la Biblia divide así a la humanidad en solo dos grupos: los «hijos de Dios» y los de la desobediencia».

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El Apóstol Juan, al inicio de su evangelio, nos enseña con claridad cómo logramos ser verdaderos hijos de Dios:

«Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios». Juan 1.12

Juan lo deja claro de quiénes son los hijos de Dios y cómo se logra esto: «Creer en Él y recibirlo». Eso nos indica que debemos apartarnos del pecado y acercarnos con un corazón sincero, humilde y genuino, sin condicionamientos, a una vida guiada con su Palabra. No es cuestión de religión, ni de decir «Yo creo», ni siquiera hacer buenas obras, es cuestión de lo qué dice Dios. No hay otro camino.

«Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo». Romanos 10.9