¿Puedo CONFESAR mi pecado a otra persona? Sólo a Dios

Como cristianos sabemos que es nuestro deber confesar nuestros pecados a Dios, la Biblia nos lo repite en muchas oportunidades. Ella nos habla de «caminar en luz», y significa que estamos viviendo en obediencia a los mandamientos de Dios. También hace referencia al perdón a través de Cristo y la «comunión unos con otros». Entonces, existe una conexión entre estar limpio delante de Dios y nuestra relación con otras personas.

«Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado». 1 Juan 1:7

Lo cierto es que al cometer los pecados estamos ofendiendo es a Dios. A lo largo de la Biblia encontramos muy resaltado la necesidad de confesar nuestros pecados a Dios. Y el tema de confesar nuestros pecados a otras personas, la Biblia no da ningún mandato general. Sí nos dice en muchas oportunidades que confesemos nuestros pecados a Dios, y si menciona algo de confesar a alguien más, es en el contexto de los ancianos de la iglesia orando en favor de los enfermos. Tampoco confundamos esto con no buscar el perdón de otra persona. La Biblia nos brinda distintos ejemplos de la confesión a otras personas. Uno es los hermanos de José pidiendo su perdón:

«Así diréis a José: Te ruego que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su pecado, porque mal te trataron; por tanto, ahora te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre. Y José lloró mientras hablaban. Vinieron también sus hermanos y se postraron delante de él, y dijeron: Henos aquí por siervos tuyos». Génesis 50:17-18

«Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale». Lucas 17:3-4

Aquí podemos entender entonces, que es nuestro deber buscar el perdón de Dios por cada uno de los pecados. La Biblia nos dice que Él anhela «la verdad en lo íntimo». Si nuestra relación con el Señor funciona bien, nuestras relaciones con otras personas irán por la misma vía. Así como nos trata Dios, con gracia, justicia y honestidad; así trataremos a los demás. Dañar a otra persona, y como cristiano, no tratáramos de remediarlo, sería algo en contra de lo enseñado por Cristo.

La magnitud de la disculpa por el pecado cometido, debe estar al mismo nivel de los efectos del pecado. En otras palabras, debemos buscar el perdón de quien estaba directamente involucrado, con el fin de asegurar la restauración.

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Buscar el perdón de Dios no debe depender de la confesión de nuestro pecado a otros, o el perdón de ellos. Por Su parte, Dios hace un llamado a la honestidad, a la transparencia con los demás en cuanto a nuestros fracasos,manera especial si en nuestros errores están involucrados ellos. Si nuestro comportamiento ha ofendido, herido o hemos pecado contra otros, es nuestro deber hacer todo lo que esté a nuestro alcance para ofrecer una sincera disculpa y confesión y pedir perdón. Si se concede el perdón, esto depende de a quienes se lo confesó. Nuestra responsabilidad es arrepentirnos de manera genuina, confesar el pecado y pedir perdón.

«He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría». Salmo 51:6