¿Quien era Pedro? El Discípulo leal seguidor de Jesús

¿Quien es Pedro? El leal Discípulo de Jesús. Simón o Simeón Pedro era originario de Betsaida, Galilea (Juan 1:44) y vivía en Capernaum (Marcos 1:29), dos ciudades en la costa del mar de Galilea. Apóstol de Jesucristo y primer jefe de su Iglesia. Era un pescador del mar de Galilea, hasta que dejó su casa de Cafarnaúm para unirse a los discípulos de Jesús de Nazaret en los primeros momentos de su predicación.

Pedro carecía de estudios, pero pronto se distinguió entre los discípulos por su fuerte personalidad y su cercanía a Jesús, erigiéndose frecuentemente en portavoz del grupo. Pedro es sencillo, generoso e impulsivo en sus intervenciones, que a veces denotan una incomprensión del auténtico mensaje del maestro. Jesús, por su parte, muestra por Simón una predilección que aparece patente desde el primer encuentro. Pedro participaba en toda la actividad de Jesús, asistiendo incluso a episodios íntimos de los que quedaban excluidos los demás apóstoles. En Cafarnaúm, Jesús debió ser a menudo huésped de la familia de la que procedía la mujer de Pedro.

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Pedro afirma la Divinidad de Jesús

Jesús le puso el sobrenombre de Pedro al señalarle como la «piedra» (petra en latín) sobre la que habría de edificar su Iglesia. En Cesarea de Filipos, al nordeste del lago Tiberíades, tuvo lugar el episodio en que Pedro afirmó la divinidad de Jesús: «Tú eres Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mat. 16, 16). Jesús juzgó la afirmación como efecto de una iluminación de lo alto y confirió a Pedro la máxima autoridad.

«Bienaventurado eres tú, Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado eso la carne y ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y que sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos. Y todo lo que atares sobre la tierra será también atado en los cielos; y todo lo que desatares sobre la tierra, será también desatado en los cielos» (Mat. 16, 17-19).

Debilidad y Pecado

A pesar de su personalidad impetuosa y sincera, Pedro tuvo también momentos de debilidad. El evangelio relata que; cuando Pedro fue arrestado, negó hasta tres veces conocer a Jesús, cumpliendo la profecía que le había hecho el maestro; pero, arrepentido de aquella negación, su fe ya no volvió a flaquear y, después de la crucifixión y la resurrección, fue privilegiado con la primera aparición de Jesús y se dedicó a propagar sus enseñanzas.

Sus últimos años de vida

Hacia el año 44 fue encarcelado por orden del rey Herodes Agripa, pero consiguió escapar y abandonó Jerusalén, dedicándose a propagar la nueva religión por Siria, Asia Menor y Grecia. Asistió al llamado Concilio de Jerusalén (48 o 49), en el cual apoyó la línea de Pablo de abrir el Cristianismo a los gentiles, frente a quienes lo seguían ligando a la tradición judía.

El Discípulo fue atrapado en Roma durante las persecuciones de Nerón contra los cristianos, y murió crucificado. Una tradición poco contrastada sitúa su tumba en la colina del Vaticano, lugar en donde el emperador Constantino hizo levantar en el siglo IV la basílica de San Pedro y San Pablo.