Si estoy guiado por el Espíritu Santo ¿Puedo incumplir la ley?

Es necesario entender que cuando la Biblia dice que no estamos bajo la Ley, no habla aquí en primer lugar a un mandato en particular, sino a ley como un principio general. Es esencial empezar a entender que los cristianos no están bajo la ley como el sendero de salvación, sino bajo gracia…la gracia es el camino para la salvación. La «Gracia», como cristianos, la entendemos como la vida, muerte y resurrección de Cristo y a través de la cual están ofrecidos, y de manera gratuita; los dones del cielo.

“El pecado no se enseñoreará de vosotros, pues no estáis bajo la Ley, sino bajo la gracia”.  Romanos 6:14

Para nada la ley puede salvar a un pecador, ni tampoco acabar con su dominio o darle un parado. La Biblia nos enseña que por las obras de la ley ningún hombre será justificado delante del Señor; más bien a través de Sus mandatos es que sabremos cual es el pecado. Esa es exactamente la función de la ley de Dios, revelar al pecado, saber cual es. 

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Además, la ley no puede perdonar los pecados, tampoco brinda algún poder para vencerlos. En la Biblia podemos ver que los mandatos de Dios llegaron al mundo para que el pecado lo inunde, ah, pero cuando ya lo había inundado, apareció la Gracia. Queda claro entonces que la ley no perdona los pecados, es la gracia de Dios. Así que si un pecador trata de salvarse gracias a la ley, lo que va a encontrar es una condena, se va a encadenar aún más a su pecado, pues creerá que con sus propias obras podrá salvarse, más bien logrará que el pecado lo domine sin nada que se pueda hacer.  

«Por tanto, por las obras de la ley ninguna carne será justificada delante de Él; pues por la ley es el conocimiento del pecado». Romanos 3:20 

Para entender un poco más esto, veamos este ejemplo; supongamos que vamos en nuestro auto por la vía y nos topamos con un semáforo en rojo, quizás no lo obedecemos y ocasionamos un accidente, entonces actúa el gobierno y nos coloca una multa, pues existen leyes que cumplir ¿Cierto? pues desde que el hombre cayó en el Edén se volvió renuente a hacer lo correcto de una forma natural. Es una lucha espiritual. En muchos casos respetamos el semáforo porque sabemos que existen leyes y nos dicen que «cuidado está prohibido» no lo podemos romper, o «te lo pasaste» pero sin embargo las incumplimos. Cuando se maneja, no se va pensando en las leyes, pues no queremos cometer ninguna infracción. La ley existe, está, pero empieza a ejercer su control sobre una parte de mi vida cuando la quebranto…si no la quebranto ni pienso en ella.

Un claro ejemplo es cuando las personas mienten, o roban, el Espíritu les hala la oreja y les dice que actuaron mal, pero si no mentimos, ni robamos no nos acordamos del Mandamiento que dice “No robarás”. Por otra parte, si no se rompen las leyes del semáforo en rojo, tampoco voy a recibir un diploma por ser un excelente ciudadano…su intención es protegerme o me indica cual es mi error.

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De igual manera actúa la Ley de Dios. No existe para decirnos si somos buenos o que ganamos el cielo, está para decirme cual es el pecado y llevarme al que puede solucionar el problema del pecado.

«Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley». Gálatas 5:18