Si siembro lo malo ¿Puedo cosechar la misericordia de Dios?

Si siembras mangos, no puedes esperar cosechar manzanas. Ciertamente lo que sembramos nos deja como resultado quienes somos. Pues en realidad somos el resultado de la siembra que hacemos. Cuando hablamos de la siembra en la vida del creyente, vemos que es una de las lecciones más grandes que determinan la vida que llevaremos. Así mismo es.! Pues, primeramente, tenemos dos campos donde, como creyentes, sembrar; en el terreno de la carne y en el terreno del Espíritu. En cualquiera de los dos podemos encontrar la misericordia de Dios, por su puesto más en el primero.

«El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará». 2 Corintios 9:6

Aquí el Apóstol Pablo nos explica la importancia de la siembra. Cuando sembramos en el terreno de la carne lo que nos genera es corrupción, pero si sembramos en el terreno del espíritu cosechamos la vida eterna. Podríamos decir que es como si sembráramos en un camino y la siembra en buena tierra. Por otro lado, el principio de la siembra sigue su curso. Entonces sembrar para el Espíritu, y el sembrar generosamente, es realmente sembrar el bien.

¿Es bueno hacer el BIEN? Un consejo de Dios

La buena siembra nos libera del egoísmo y nos baña del gozo que es dar. Existen creyentes que siembran escasamente y luego se andan quejando de Dios. Además, la Biblia nos enseña a que no nos cansemos de hacer el bien, pues esa es la mejor siembra que hacemos.

«No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe». Gálatas 6:9-10

Todo esto es genial, sin embargo recordemos que Dios es generoso, bondadoso y con infinita misericordia. Entonces, mientras que esté activa la siembra de la carne; de que si sembramos cosas malas, cosecharemos cosas malas, también está activa la misericordia de Dios. De manera bondadosa, no siempre cosechamos lo que hemos sembrado. La Biblia nos dice que Dios se reserva el derecho de manifestar Su misericordia con quién quiera, el caso lo encontramos cuando le dijo a Moisés:

«Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca». Romanos 9:15

Debido a la infinita misericordia y compasión de Dios es que optamos por un hogar en el cielo, a pesar de nuestro pecado. Sembramos iniquidad y corrupción, y Jesús cosechó nuestro castigo en la cruz. Por eso lo debemos alabar siempre.

En muchas ocasiones parece que lo que estamos cosechando es por nuestra siembra, sin embargo no es así. La Biblia nos muestra el caso de Job; cuando él estaba sufriendo por sus pérdidas, sus amigos vieron su lucha como un justo castigo de Dios por algún pecado escondido. Uno de ellos;  Elifaz, dijo:

«Como yo he visto, los que aran iniquidad y siembran injuria, la siegan». Job 4:8

Pero Elifaz estaba muy equivocado. Job aún no cosechaba lo que había sembrado. Su cosecha llaga al final del libro, lee Job 42:10-17. Podemos aprender que cuando experimentamos ciertas circunstancias negativas no necesariamente quiere decir que hemos sembrado cosas negativas. La máxima de la cosecha y la siembra en casi todos los casos se cumple, pero no siempre está en acción en cada situación en la manera en que se podría esperar.

«Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas?». Mateo 6:26