Una mala decisión de Adán nos condenó a una vida sin Dios, luego Jesús nos devolvió la vida eterna

Hay poder en nuestras decisiones. Nuestras decisiones nos acercan o nos alejan de la voluntad de Dios; es un poder tan grande e inimaginable que hoy en día seguimos viviendo las consecuencias de la decisión de Adán pero también la oportunidad de una vida eterna por la decisión de Jesús.

 Mientras Adán desobedeció a Dios dejándose llevar por sus intereses personales y por lo que le parecía correcto, Jesús decidió obedecer a su padre en todo lo que le ordenó; aún viviendo loa momentos más duros y sufridos de su vida, él le dijo: padre que se haga tu voluntad y no la mía. «Padre, si quieres no me hagas beber este trago amargo, pero que no se haga lo que yo quiero sino lo que tu quieres» [Lucas 22:42].

Debemos entender que todas nuestras decisiones nos llevan al camino de Jesús o al camino de Adán, Dios nos dio libre albedrío y tenemos el poder de decidir; por esa razón es nuestro deber mantenernos en constante oración con nuestro padre para que nos dé la sabiduría y entendimiento para que se cumpla su voluntad y no la nuestra; que nuestros actos nos lleven a parecernos más a Jesucristo que a Adán. AMÉN.